| MENSAJE DE LA DIRECCION GENERAL |
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La auténtica asistencia social surge al ponerse frente a otro, en su misma condición; es decir, al descubrirse a sí mismo tan necesitado como aquél a quien se intenta ayudar. Ponerse en el lugar del otro es un camino para llegar a descubrirse a sí mismo necesitado. Esta es la condición natural de todo ser humano.
Cuando se trabaja con personas que enfrentan situaciones duras y dolorosas, pareciera que lo que uno busca es la solución del problema del otro, y al final esto a veces es imposible. Pero lo que me queda claro es que en DIJO no trabajamos con el dolor o con las dificultades, sino con personas que tienen un nombre; es decir, un rostro; tienen una vida, unas necesidades y unas exigencias de fondo iguales a las mías; y esto me pone en una actitud completamente diferente delante ellas. En otras palabras, no trabajamos con la pobreza ni con los pobres; sino con personas que tienen un nombre: Juan, Bernabé, Liliana, Laura, que tienen las mismas necesidades fundamentales que yo.
Si atendemos al horizonte que nos abre este hecho, tenemos que asumir que el necesitado es el ser humano en su esencia, y que la intervención social es el camino para tomar conciencia de este hecho.
En los quince años que DIJO ha trabajado en el campo de la asistencia social hemos llegado a descubrir que el auténtico desarrollo nace del encuentro con una presencia humana positiva que provoca en el hombre el deseo de ser él mismo, según la dignidad que posee.
Se trata de una concepción del desarrollo que rebasa la perspectiva asistencialista y que en su lugar enfatiza lo educativo. Porque si bien es verdad que DIJO atiende necesidades concretas de educación, de alimentación o de salud, quedarse en este nivel de acción sería perder lo más importante, que es la posibilidad de establecer una relación personal que eduque.
Los que trabajamos en DIJO intentamos volvernos una presencia que haga que aquellos a quienes servimos se muevan con el tiempo por sí mismos ante sus necesidades, y no sustituyéndolos. Porque si sustituimos a la gente no lograremos formar personas capaces de crecer por sí mismas. Por eso digo que el primer desafío para nosotros es ser una presencia para los niños, niñas y sus familias, capaz de generar en ellos un movimiento personal que los haga crecer.
El punto de interés es la persona. Lo que nos mueve al trabajo son las personas. Porque si no enfocamos así nuestro trabajo, éste se reduciría a combatir la desnutrición infantil o a hacer que el niño no repruebe, pero el niño es más que esto. En primer lugar los niños no son un problema, sino personas que viven bajo circunstancias difíciles, pero que tienen un potencial personal que debe ser canalizado. Al entender esto, la forma de intervención y de desarrollo es totalmente diferente.
El auténtico desarrollo nace de una conjunción de esfuerzos. Entendiendo esto, DIJO siempre parte del vínculo con las autoridades y con las personas de la comunidad. Funciona como un organismo que vincula los esfuerzos de actores locales, nacionales e internacionales, de instituciones públicas y privadas. En otras palabras, se trabaja a través de la suma real de experiencias y de trabajos de muchas personas.
En mi opinión, este método de construir a través de la cooperación y de la suma de experiencias, sin perder de vista la centralidad de la persona no es del todo común; y esto hace de DIJO una vía nueva de trabajo con la gente, con miras a un desarrollo auténtico que edifique las vidas de niños y niñas.
Socorro del Río Loera
Directora de DIJO
Oaxaca, México. |